Carta a mi abuela.
Querida yaya mía,
Te echo mucho de menos. Como el primer día. Al principio el dolor era tan
intenso que el recuerdo no afloraba. Te veía por todas partes y aún te sigo
viendo, sentada en tu sillón, pensando en tu vida, en el pasado, en las muchas
dificultades que tuviste que afrontar y en los buenos momentos que la vida te
deparó. Me negaba a admitir que ya no estabas ahí para seguir queriéndome. La
falta de tu manera de amarme es como una punzada intensa clavada en mi corazón.
Tu cariño incondicional me falta cada día y es insustituible. Eras mi segunda
madre y lo seguirás siendo siempre. Echo de menos nuestras discusiones y
diferencias. Divergíamos en muchas cosas, abuela, pero somos iguales en muchas
otras. Contigo se fue mi infancia, mis caprichos de nieta y la soberbia de la
juventud.



