Las olas
El niño tiró una piedra al mar. Y el mar se la devolvió. Jugó
a ser un fantasma . Y el mar lo ignoró. Compró un juguete de madera . Y el
juguete se rompió. Los juguetes se rompen cuando las olas lo zarandean.
El mar olía a petróleo cuando me levanté a escucharlo. Estaba
en una barca. Estaba mareada. Estaba rodeada de gente. Estaba líquida. Un ojo
me devolvió la conciencia . Era el ojo de Dios. Su fragancia hecha eternidad. Y
el cielo y el mar se juntaron en una
línea divisoria. Y el mar se hizo mujer. Y la mujer se hizo luna. Y la luna ,
muerte.
Me tomé una copa de vino. Escuché el nombre de George Bataille. Una cara de zorra
intrépida se me quedó grabada en el rostro. Bautizo de mar . El mar es una
cabra que paría cabras. El mar tiene gotas de sal que echamos en lágrimas. Me
tragué la última copa de vino. Tenía sed. Ya no estaba mareada. Estaba
entusiasta. Loca. Dolida. Jodida.
Hacía calor en aquel barco. Agosto se levantaba con
temperaturas altas. Necesitaba ser agua. Las olas me cubrían de angostura.
Quería ser mar. Me acerqué a la proa y me asomé. Tras la cortina de agua se
oscurecía mi rostro. Etéreo. Fugaz. Mi rostro era una ola. Quería ser ola. Y me
tiré al mar. Hice el amor con él. Me acariciaba y penetraba cada uno de mis pensamientos con delicadeza ,
sin apenas dolor.